¿Qué tendrá la música?

Sus beneficios, probados o intangibles, son casi tantos como canciones hay en el mundo.

¿Quién no tuvo una canción de la suerte para aquel examen que se le atravesaba una y otra vez? ¿O para ese viaje inolvidable en familia, con amigos o con esa persona especial?

La música nos acompaña durante toda la vida; incluso antes de nacer, si tenemos la suerte de contar con unos padres melómanos. Después, se hace presente en nuestros primeros años de infancia, de adolescencia… empieza a marcar nuestra personalidad como un rasgo más de rebeldía, dulzura, flow…

Todos recordamos también aquel primer concierto al que asistimos con amigos y que marcó un antes y un después en la forma en la que vivíamos la música.

Después de eso, necesitábamos comprarnos el disco – o la cinta de cassette y sacar las letras a mano- para disfrutar de la experiencia de sabernos todas las canciones y gritarlas a voz en cuello en el siguiente directo. O aquellas canciones escondidas al final del tracklist oficial.

Por no hablar del “momento karaoke” para todos, y la vena por tocar un instrumento -dure un mes o se convierta en un hábito que nos da vida- para las personas más atrevidas.

Los beneficios de la música son casi tantos como canciones en el mundo. Y es que los estímulos que produce en el cerebro inciden directamente en factores tan cruciales como el control del estrés, la ansiedad, el cansancio, la fatiga o el propio estado de ánimo.

Además de la mencionada ansiedad, gracias a que la escucha de música rebaja los niveles de cortisol, los beneficios para la salud son numerosos:

Puede ayudar a suavizar síntomas de ciertos estados neurológicos como la enfermedad de Alzheimer o el autismo. Además, actúa como analgésico natural a través de las endorfinas que libera; “sube” la citada autoestima y ayuda a fortalecer el sistema inmunológico; puede ser un remedio ante las cefaleas y reduce la presión arterial.

Además de estos factores positivos, es una evidencia también que la música nos ayuda a conectar con muchas personas y, sobre todo, con nosotros mismos.

Fot. Getty Images

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