Amuletos y secretos que acompañan a los artistas en cada gira
No importa cuánto crew tengas ni cuántos followers arrastres, cuando estás a punto de salir al escenario, a solas con tus nervios, necesitas algo más
Son muchos los artistas que no se olvidan de “su amuleto” antes de empezar el show. De hecho, hay objetos que viajan más que los managers, que sobreviven a más camerinos que cualquier técnico y que han visto más lágrimas que la discografía completa de Adele.
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Residente (sí, el de Calle 13), se toma esto muy en serio: colecciona collares que le dan los fans. Al parecer, siente que “traen buena vibra” y por ello los usa en el show. ¿Y después? Los manda a bendecir con su madre. Sí, con agua bendita. Todo esto porque, según él, canalizan la energía.
Madonna, también está muy preocupada con el tema energías. Por su parte, lleva su famosa pulsera roja de la Kabbalah. No se la quita ni para dormir. Dice que la protege del mal de ojo y de las malas vibras. Y si llevas cuatro décadas sobreviviendo en la industria, algo debe funcionar.
Ricky Martin, otro que no deja nada al azar, lleva siempre una pulsera bendecida por el Dalai Lama. No nos extraña que este amuleto de paz antes de salir a escena. También suele practicar Yoga y capoeira para mantener la concentración y prepararse tanto espiritual como físicamente antes de subirse al escenario.
También tenemos historias que son leyendas. Como la de Stevie Nicks, de Fleetwood Mac, que no se sube a un escenario sin un pañuelo negro de encaje. Dice que le da “fuerza escénica”. Puede sonar a misticismo hippie, pero cuando la ves dominar un estadio, lo dudas un poco menos.
Keith Richards, el legendario guitarrista de los Rolling, lleva el mismo anillo de calavera desde los años 70. No se lo quita. Algunos dicen que es de plata; otros, que está maldito. Él no dice nada.
Y lo de Jimmy Page es otra liga: símbolos ocultistas cosidos en su ropa, grimorios del siglo XVI y un símbolo inventado (“ZoSo”) que nadie ha descifrado del todo. Vale, nos queda claro que el tipo no tocaba rock, tocaba magia negra amplificada.
Muchos de estos amuletos han visto giras enteras, vuelos perdidos, fiestas privadas, lágrimas, enfados y reconciliaciones. Han estado ahí en todas. Y cuándo ellos no están, los accesorios se quedan como reliquias. Por ejemplo, el colgante de Tupac y la guitarra de Kurt Cobain no son meras piezas; son tatuajes invisibles en la memoria colectiva del rock y la vida.




